1 dic. 2013

"Ninguna guerra se parece a otra", de Jon Sistiaga



Llevo meses intentado hablar de este libro y no sé cómo. Después de leerlo me dejó en shock, no sabía que hacer a continuación, ni qué leer. Todo me parecía insuficiente... ¿cómo iba a comenzar una historia inventada después de leer un relato tan espeluznante y que, además, ocurrió de verdad? De ahí que me sumergiera en un bache de lectura del que ahora empiezo a recuperarme. 

Ninguna guerra se parece a otra es la crónica de Jon Sistiaga (un periodista español) sobre su experiencias en la Invasión de Irak de 2003 que dio lugar a la Guerra de Irak. El autor viajó al país como corresponsal de guerra para la cadena Tele5, junto a un equipo de cámaras y periodistas de otros medios de comunicación. No era su primera guerra, ya había estado en América Latina, pero esta le marcaría de por vida. Ahí perdió a uno de sus mejor amigos, José Couso, el cámara de Tele5 que fue asesinado al atacar un soldado estadounidense el hotel donde todos los periodistas se encontraban. Cualquiera que recuerde un poco aquellos años y las noticias al respecto, sabrá de quién hablo y de la conmoción que causó este episodio en la sociedad española. 

Esta reseña será distinta de mis otras reseñas. No voy a analizar la forma en que está escrito el libro ni si me gusta más o menos el estilo o las personas que en él aparecen. Creo que en la no-ficción eso queda fuera, sobre todo si se tratan temas de esta magnitud como las guerras y las muertes de personas inocentes. Como dice el título del volúmen, ninguna guerra se parece a otra, no, pero todas tienen en común que jamás son justas. Y mucho menos cuando se va a ellas con mentiras, como se comprobó después, en contra de lo que la sociedad pedía y por cuestiones relacionadas solo con el dinero. Aunque... ¿no se va a la guerra sólo por cuestiones económicas?

Cada capítulo que leía recuerdo que era más crudo que el anterior y, sin embargo, siempre había lugar para las anécdotas y para el buen humor que todos los compañeros de Jon Sistiaga parecían tener, a pesar de las circunstancias. Aún así, cada página que pasaba me acercaba un poco más a ese horrible final, la conclusión que ya conocía y que esperaba que resultara ser mentira, que sólo hubiera sido un malentendido. No quería que José Couso muriera, aunque desde que abrí el libro ya era consciente de lo que iba a pasar. Y, sobre todo, no quería que muriera porque no era justo, porque él no tenía nada que ver con ninguno de los altos mandos de los contingentes, porque, igual que en el caso de cualquier civil iraquí, él no había deseaso aquella guerra.

Y llegó el momento. Yo estaba sentada en un sillón, mirando al mar, el día era estupendo... pero no fue suficiente para evitar que llorase de rabia. Sentía rabia por aquella muerte tan injusta y arbitraria, por todas las muertes que habían tenido lugar antes que la suya y que ocurrieron después. Porque Jon Sistiaga tuviera que llevar a su amigo moribundo al hospital, esperar la operación y que José Couso no despertara nunca. Porque no sólo perdió a Couso, sino también a otros compañeros y amigos. Porque nunca se hizo justicia y todavía hoy el pueblo iraquí tiene que seguir sufriendo, sin importar quién esté al mando. Porque la vida no es justa por culpa de personas que defienden la justicia mientras la asesinan cuando nadie los ve.

Ninguna guerra se parece a otra no es una crónica cualquiera que presenta los datos y los números de una guerra, es mucho más que eso. Es una crítica a los conflictos armados, que no llevan a ninguna parte y que lo único que hacen es acabar con las vidas de miles y miles de inocentes, sin que nadie sea declarado culpable por ello. Ninguna guerra se parece a otra es, en definitiva, una crónica sobre la vergüenza humana.

6 comentarios:

  1. Buff me lo apunto para leerlo. Como futura periodista entiendo lo que se debe sentir y de verdad que creo que lo tengo que leer.

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    1. Es muy duro, la verdad, pero merece la pena.

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  2. Parece un libro muy duro, yo ya lei un pequeño libro sobre la guerra hace tiempo y no me gusto demasiado aun asi me apunto este porque parece más interesante e intenso.

    Un beso.

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    1. Es que además esto es lo que el autor vivió en sus carnes, que le añade todavía más intensidad al asunto.

      ¡Un saludo!

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  3. Angle me he emocionado muchísimo leyendo tu entrada. Me han venido a la mente todas las imágenes de aquella guerra, el dolor de Jon y la impotencia de que no se hiciera justicia para nadie; ni para Couso, ni para el pueblo iraquí.
    Debe ser una lectura durísima pero sin duda necesaria. Las guerras se van sucediendo y una vez acabadas, los focos de los medios se trasladan a otro sitio. Detrás queda lo más "feo", lo que nadie quiere ya ver: los muertos y la vida intentando abrirse paso entre los escombros. Me lo leeré seguro!
    Un besito!

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    1. Yo no podría haberlo dicho mejor... una vez se pierde el interés, queda lo peor de la guerra.

      Un beso, Marie!

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