13 abr. 2013

El hombre que desencadenó la tormenta || "El rey Lear", de W. Shakespeare

[Puntuación: 5/5]

Al nacer, lloramos porque entramos en este vasto manicomio.

Vale, ahora que he dejado que pasaran unos días desde que lo terminé, creo que estoy preparada para hacer la reseña de El rey Lear. O no. Ya noto cómo voy emocionándome e hiperventilando, poco a poco, sólo de recordar el señor final que tiene. Tengo la sospecha de que después de esto, me voy a declarar fan girl de Shakespeare y empapelar mi habitación con pósters que lleven su cara para alabarlo todos los días del resto de mi existencia (o hasta que encuentre otro autor como él... pero lo veo complicado).

En esta obra, Shakespeare nos lleva a la Gran Bretaña de varios siglos antes de él. Allí, el gran soberano, el rey Lear, decide dividir su reino entre sus tres hijas: Gonerild, Regan y Cordelia (la menor y favorita del monarca). Lo único que éstas han de hacer para ganarse su parte es declarar el amor que sienten por su progenitor y lo mucho que se sacrificarían por él. Gonerild y Regan pronto lo consiguen embaucar con palabras rimbombantes y grandes exageraciones. Pero Cordelia, más honesta y poco amiga de las hipérboles, se limita a decir lo que realmente siente, quedando, en comparación con sus hermanas, como una hija desapegada que no quiere a su padre. Lear se lo toma fatal y la expulsa de su reino, obligándola a marcharse con el rey de Francia (su pretendiente en ese momento y que después se convertirá en su esposo). A su vez, el Conde de Kent, extremadamente fiel al rey, trata de advertirle de su error al tratar así a la pobre Cordelia pero Lear, henchido de rabia, lo destierra bajo pena de muerte. Sin embargo, cuando la hora de la verdad llega y el rey se ve en la situación de convivir con sus dos hijas mayores, descubre su error al comprobar que lo tratan como un viejo demente que sólo estorba. Al darse cuenta de lo que ha hecho, Lear se arrepiente por el desprecio presentado a su hija menor, la cual, a pesar de todo, no dudará en iniciar una guerra contra sus hermanas para defender a su padre. Además, y como en toda tragedia que se precie, las rencillas internas y las conspiraciones están a la orden del día. El ansia de poder y la avaricia alimentaran una trama ya de por sí extremadamente emocionante.

Y esto es un resumen en el que me he saltado personajes principales que tienen mucha importancia, pero es que, con Shakespeare, la cuestión es quién no tienen un papel clave en la obra. Esto es algo que me encanta del autor: hay muchísimos personajes pero todos son imprescindibles y ninguno está nunca de más. Es cierto que el rey Lear es alrededor del que gira toda la historia, por ser él el que origina el conflicto, pero, ese es sólo el punto de partida: las hijas, sus respectivos maridos (¡el duque de Albany!), los súbditos de cada uno, los amigos de verdad y leales (el conde de Kent me robó el corazón desde el principio), los lobos disfrazados de oveja... incluso el bufón, que luego desaparece de repente, todos y cada uno de ellos son un pilar en la narración. Y, además, están perfectamente perfilados a nivel psicológico. Actúan por unas razones determinadas, no porque le venga bien al autor que hagan esto o lo otro. Con Shakespeare siempre me da la impresión de que se limita a comentar unos hechos que ha presenciado, como si él no hubiera inventado nada. Convierte su imaginación en un espejismo de realidad.

Por no hablar de la forma que tiene de hilar un acontecimiento con el siguiente. El paso de una escena a otra es de lo más fluído y apenas te percatas de que te has trasladado de golpe a otra punta del país, estás absorbido por la historia, por lo maravillosa que esta es, como si estuvieras viendo una película en la que los cambios de escena apenas se notasen. Porque el paso de un escenario a otro llega en el momento adecuado, cuando tienes el corazón en un puño, cuando necesitas saber qué está sucediendo en la corte de Goneril o de Regan o en la cabaña en la que el rey Lear se ha cobijado durante la tormenta.

Imagen
¡Y la tormenta! ¡Cómo juega Shakespeare con las condiciones climatológicas para mostrar el estado de ánimo del protagonista! ¡Casi oía los truenos cada vez que le daba un arranque de demencia! Ese ambiente oscuro y deprimente al final, que sirve para rematar una imagen perfecta que el autor ha creado en nosotros. Y eso que la finalidad del dramaturgo inglés no era la de publicar sus creaciones, sino hacer que estas se representaran sobre un escenario. Si sólo leyendo la obra de teatro ya me ha creado estas sensaciones, en vivo y en directo interpretada por actores debe ser casi como alcanzar el nirvana visual.

Sé que parezco algo exagerada pero es que no puedo expresar lo que me ha parecido El rey Lear de otra forma. En el momento en que leí la última línea, me dejó sin habla, sin aire en los pulmones. No sabía qué pensar, no sabía qué hacer. Me dejó en estado de shock, a pesar de que ya sabía cómo terminaría (es una tragedia de la época isabelina, está bien claro que morirán el protagonista y veinte mil personajes más) pero a pesar de ello... me dejó pasmada, inmóvil durante unos minutos. Me habéis comentado algunos en el blog que os da un poco de pereza poneros con Shakespeare pero yo os lo recomiendo encareciamente. Es un autor que se merece con creces la fama y el hueco que tiene en la literatura universal. Un maestro, un genio. Extraordinario.




→ Esta lectura forma parte del reto de The Classics Club.

4 comentarios:

  1. tengo muchas ganas de leer a Shakespeare, aunque confieso que me da un poco de miedo. Pero leyendo tu entusiasmo no puedo decir más que ¡me has contagiado! espero leer algo de él pronto.

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    1. Puede dar algo de vértigo pero en cuanto empiezas te das cuenta de que todo temor es infundado. Me alegro mucho de haberte animado con él! :D

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  2. Yo era una de las de la pereza, pero maja, me has dejado con ganas de leerlo y todo!! jajajaaaa
    Bueno, no te puedo asegurar de que lo lea, pero te prometo que ahora lo miraré sin miedos ni rencores, así, como con amor y todo.

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    1. Yuju!!! No te arrepentirás de mirarlo con algo de amor... pero cuidado! Si lo lees, a lo mejor lo miras ya con corazones por ojos. Así que piénsatelo bien antes de ir a por él. Una vez que te enamoras de Shakespeare ya no hay vuelta atrás :P

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